Pensamiento · Análisis personal · 2026

Sesgos en la era de la IA

Los algoritmos amplifican las asimetrías informativas — el caso Gaza vs. Sudán

Narrativas opuestas: Gaza y Sudán

En los últimos años he observado una contradicción profunda en la forma en que el mundo interpreta ciertos conflictos. Mientras algunos actores denuncian un supuesto "genocidio palestino" en Gaza, casi nadie habla del genocidio real que ha ocurrido —y sigue ocurriendo— contra comunidades cristianas en Sudán.

Antes de avanzar, vale la pena recordar qué significa jurídicamente y lingüísticamente el término genocidio:

Genocidio. Del gr. γένος ('estirpe') y -cidio ('exterminio'). m. Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad. Sin.: etnocidio, exterminación, holocausto, pogromo, matanza, masacre.

Fuente: Real Academia Española.

Esta definición es importante porque permite distinguir entre violencia extrema —siempre condenable— y exterminio sistemático, que es un estándar mucho más alto y específico.

Un ejemplo notable de sesgo es el del activismo global. Curiosamente, figuras como Greta Thunberg muestran un apoyo apasionado hacia Gaza, pero ignoran por completo lo que ocurre en Sudán. Lo paradójico —y revelador— es que si Greta o cualquier activista pisara Gaza, Israel garantizaría sus derechos, su seguridad y su vida, incluso si expresara un discurso hostil. Pero si intentaran replicar ese activismo en Sudán, sus vidas estarían en peligro real. Este doble estándar humanitario sugiere que gran parte del activismo internacional responde más a incentivos ideológicos y mediáticos que a la gravedad objetiva del sufrimiento humano.

¿Genocidio en Gaza?

El término "genocidio" se ha empleado con insistencia en discursos políticos y mediáticos. Gobiernos como el de España y México incluso han anunciado medidas "contra el genocidio en Gaza".

Sin embargo, los datos demográficos muestran una realidad distinta:

  • Había 1.4 millones de palestinos en 1948.
  • Hay 5.5 millones en los territorios palestinos en 2025 (3.4 millones en Cisjordania y 2.1 millones en Gaza).
  • Hay 15.2 millones de palestinos en el mundo.

Un genocidio, como definió la RAE, implica exterminio sistemático de un grupo humano. Pero aquí vemos lo contrario: un crecimiento poblacional sostenido durante casi ocho décadas. Esto no elimina el sufrimiento palestino, las muertes ni la destrucción —que son hechos reales y dolorosos—, pero sí cuestiona la narrativa de un plan de exterminio.

Aquí observo un uso ideológico del término, muchas veces vinculado a narrativas de colonialismo y opresión, que amplifican los extremos por razones políticas.

El genocidio silenciado en Sudán

En Sudán, en cambio, sí encontramos hechos que encajan plenamente en la definición de genocidio según la RAE y según el derecho internacional:

  • Desde 1956, la guerra entre el norte islamista y el sur cristiano dejó unos dos millones de muertos.
  • En los años 2000, Darfur vivió otra campaña genocida: cientos de miles de civiles no árabes asesinados entre 2003 y 2008 por la milicia Janjaweed (hoy RSF).
  • Entre 2023 y 2025, matanzas étnicas como la de El-Fasher dejaron al menos 1,500 civiles cristianos muertos en días — descrito como "un verdadero genocidio".
  • Se han destruido más de 100 iglesias y se reportan secuestros y asesinatos de pastores y fieles.

Y aun así, el mundo guarda silencio.

Cobertura mediática y sesgos persistentes

¿Por qué Gaza domina el debate global mientras Sudán es invisibilizado? Por una mezcla de factores geopolíticos, ideológicos y económicos.

Oriente Medio es estratégico; Sudán no. El conflicto israelí-palestino moviliza emociones en Europa, América Latina y el mundo árabe. Sudán carece de ese "valor político".

Incluso en México observo este sesgo: abundan las notas, infografías y columnas sobre Gaza, pero casi nada sobre Sudán. Lo que no tiene relevancia geopolítica no genera cobertura.

Los algoritmos refuerzan este desequilibrio. Gaza se vuelve omnipresente; Sudán desaparece. Las IA entrenadas con ese mismo material reproducen esa distorsión, amplificándola.

La imparcialidad sigue pendiente

La comparación entre Gaza y Sudán demuestra que, incluso en la era de la IA, seguimos enfrentando un ecosistema informativo profundamente sesgado.

Se denuncia un "genocidio" sin sustento demográfico sólido en Palestina, mientras se ignora un genocidio real —y documentado— en Sudán. Internet no es neutral. La IA tampoco.

Si queremos que la IA sirva verdaderamente al bien común, debemos reconocer estos sesgos, enfrentarlos y corregirlos. Solo así la promesa de "nunca más" podrá aplicarse a todas las víctimas por igual.

Nosotros somos parte del problema

Cómo los medios mexicanos reproducen el sesgo:

En México, los medios solemos cubrir Gaza con intensidad y frecuencia. Notas y reportes de Radio Fórmula, El Universal, Milenio y La Jornada reiteran cifras de muertos, destrucción masiva y señalamientos de genocidio provenientes de comisiones de la ONU, académicos y gobiernos. En opinión, numerosos columnistas normalizan el término "genocidio" para Gaza y trazan paralelos históricos con el Holocausto o el gueto de Varsovia.

En contraste, la cobertura de Sudán es mucho más escasa. Algunas notas se centran en la evacuación de mexicanos o en el estallido del conflicto. Reportes breves de agencias describen la crisis como una de las peores del mundo, con millones de desplazados. Columnistas como Meschoulam o García Bejos denuncian abiertamente el vacío mediático y hablan de un "genocidio a cámara lenta".

El resultado es evidente: Sudán no ocupa el mismo espacio narrativo, emocional ni político que Gaza, y ese desequilibrio también forma parte del ecosistema informativo que consumimos y reproducimos.

Conclusión

Mientras que en México abundan noticias y opiniones sobre Gaza que enmarcan la ofensiva israelí como un "genocidio" y le dan una presencia diaria en la agenda informativa, la crisis de Sudán recibe una cobertura mucho más limitada.

Las pocas fuentes disponibles sobre Sudán destacan la magnitud del desastre y, al mismo tiempo, lamentan la indiferencia mediática. Eso documenta un desequilibrio claro: la tragedia sudanesa —con elementos de limpieza étnica y evidente genocidio— no ocupa el mismo lugar en la conversación pública mexicana que la causa palestina en Gaza.

Este contraste confirma la tesis central de este análisis: los sesgos existen, el internet no es neutral, y la propia cobertura que consumimos y producimos forma parte del problema.

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